Llovía ayer en Bruselas. Nada nuevo bajo el poco novedoso cielo plomizo de la capital europea. Un atasco aquí, otro más allá, al mediodía. Todo normal. Si acaso, la monotonía de un día laborable sólo se rompía por el trasiego de furgonetas de la policía. Todo está preparado en Bruselas para evitar que la amenaza de revancha de los ultras del Anderlecht, tras los incidentes del pasado jueves en San Mamés (1-1, partido de ida), no se pueda llevar a efecto hoy (19.00, C+). A priori, todo está previsto para que ninguna cerilla pueda encender alguna mecha en un partido que vive bajo la psicosis del miedo. Ayer, sin embargo, un pequeño grupo de aficionados rojiblancos fue agredido en pleno centro de la ciudad. "La garantía total es imposible", decía antes el viceconsejero de Seguridad del Gobierno vasco, Rafael Iturriaga, que junto a tres ertzainas se desplazó a Bruselas.
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